EJERCICIO AERÓBICO

La actividad física ha mostrado efectos positivos tanto a nivel cerebral como cognitivo. Por ejemplo, la práctica de ejercicio aeróbico de forma regular y moderada aumenta la producción de nuevas neuronas, de nuevos vasos sanguíneos, o de factores neurotróficos encargados de garantizar la supervivencia neuronal (Nithianantharajahy Hannan, 2009). Entre los beneficios cognitivos, el ejercicio mejora el rendimiento en pruebas de memoria, atención e incluso reduce los niveles de ansiedad en ratas viejas (Pietrelli y cols., 2012; Sampedro-Piquero y cols., 2013). A la hora de investigar los efectos positivos del ejercicio en el laboratorio es muy común utilizar el Rotarod, como se observa en el vídeo. Este aparato permite que varios animales corran en ruedas en las que se ha regulado la velocidad. El Rotarod no solo permite realizar programas de ejercicio aeróbico forzado, sino que es también muy empleado en la evaluación de la coordinación motora tras consumo de droga o en modelos de enfermedad de Parkinson (Earhart y Falvo, 2013).

Earhart, G.M. y Falvo, M.J. (2013). Parkinson disease and exercise. Comprehensive Physiology, 3, 833-848.

Nithianantharajah, J. y Hannan, A.J. (2009). The neurobiology of brain and cognitive reserve: mental and physical activity as modulators of brain disorders. Progress in neurobiology, 89, 369-382.

Pietrelli, A., López-Costa, R., Goñi, R., Brusco, A. y Basso, A. (2012). Aerobic exercise prevents cognitive decline and reduces anxiety-related behaviours in middle-aged and old rats. Neuroscience, 202, 252-266.

Sampedro-Piquero, P., Zancada-Menéndez, C., Begega A., Méndez, M. y Arias, J.L. (2013). Effects of forced exercise on spatial memory and cytochrome c oxidase activity in aged rats. Brain Research, 1502, 20-29.